La educación temprana del cachorro

Pocas cosas hay tan gratificantes como la llegada de un nuevo cachorro a casa. Su llegada siempre despierta en nosotros una mezcla de alegría, impaciencia y ternura, a la vez que la necesidad de tenerlo todo preparado para cuando llegue. Además del aspecto sanitario (vacunaciones, desparasitaciones,…), de la alimentación y de los cuidados generales, también debe tenerse en cuenta la educación del cachorro desde el mismo momento en que llega a casa.

Esto es importante porque el cachorro un día se hará grande, y si queremos prevenir posibles problemas de comportamiento, qué mejor que empezar desde el principio, cuando el perrito es una esponja que absorbe todo aquello que vive y, por supuesto, todo aquello que le enseñemos.
En este artículo trataremos algunos de los puntos más importantes y que más preocupan al propietario a la hora de tener y educar un cachorro: enseñarle a que elimine fuera de casa, a que no muerda el sofá, la mesa, las zapatillas,… y empezar a enseñarle algunas órdenes básicas que nos servirán para que nuestro pequeño amigo nos obedezca cuando sea necesario mantener el control, ya sea en casa o en los paseos por la calle.

ENSEÑANDO AL CACHORRO A ORINAR EN EL LUGAR ADECUADO

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que los perros no tienen control absoluto de los esfínteres hasta los 4-5 meses de edad; por tanto, hasta esta edad el cachorro podría eliminar en casa en alguna ocasión, así que debemos tener PACIENCIA.
Para ir enseñándole a que no orine en casa, tendemos en cuenta algunas pautas útiles:
– Sacarlo a la calle una media hora después de levantarse de dormir, después de comer y después de jugar. Estas actividades generan necesidad de eliminar, por tanto si sacamos al cachorro a la calle o le llevamos a su zona de eliminación en casa, evitaremos que se orine o defeque en cualquier parte del domicilio. La anticipación y la prevención es la mejor herramienta que tenemos durante las primeras semanas.
– Cuando estemos en casa, debemos observarle y, si vemos que muestra conductas de querer orinar o defecar (se mueve de un lado para otro, parece nervioso,…), lo llevamos inmediatamente a su zona de eliminación.
– Le premiaremos cada vez que haga sus necesidades en el lugar adecuado. Para ello, cuando termine de eliminar en el lugar correcto, le decimos “¡muy bien!” y podemos darle un premio para reforzar la buena conducta.
Cuando tenga más edad, deberemos dejar de reforzarle cuando elimine en casa, aunque lo haga en el lugar correcto, y premiarle solo cuando elimine en la calle. De esta manera, el cachorro aprenderá a eliminar únicamente en la calle. Aquí es muy importante establecer rutinas de salida, por lo que es aconsejable, en la medida de lo posible, que las salidas se hagan siempre a las mismas horas cada día.

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En caso de que el cachorro tenga que quedarse solo, podemos facilitarle el aprendizaje usando la técnica de confinamiento. Para ello, dejamos al cachorro en una habitación o en la cocina, sin permitirle moverse por toda la casa (solo cuando no estemos en el domicilio para supervisarle). Reservamos una zona para el comedero y el bebedero, y cubrimos el resto con papel de periódico, cartones, empapadores o cualquier material que nos sea útil. Cada semana y media aproximadamente, vamos reduciendo la superficie cubierta con papel, hasta dejar solo una pequeña zona, lo más alejada posible del comedero y bebedero (por lo general, los perros no defecan ni orinan en el lugar donde tienen su comida y su agua), donde el perrito ya hará sus necesidades.
Es fundamental NO CASTIGAR al cachorro cuando elimine fuera de su zona; el castigo y las técnicas como frotarle las heces o la orina en el hocico no solo no sirven para nada, sino que podemos crear una mala asociación y conseguiremos que el perrito nos tenga miedo y que aprenda a eliminar “a escondidas” para evitar el castigo.
Por último, otro consejo es no limpiar la orina con productos que lleven lejía o amoníaco, ya que éstos fomentan que el perro orine de nuevo en ese lugar. Los detergentes enzimáticos o productos específicos como el urine-off son los adecuados para limpiar los orines, ya que eliminan las partículas de olor.
Debemos recordar que todavía está en fase de aprendizaje, y es normal que cometa errores y que no siempre haga sus necesidades donde debe. Tenemos que tener paciencia y reforzar siempre las buenas conductas, en lugar de castigar las inadecuadas.

NO ME MUERDDAS QUE ME HACES DAÑO:
Otra preocupación común de muchos propietarios de cachorros es que éstos empiezan a morderles a ellos o bien al mobiliario de la casa cuando le están saliendo los dientes y cuando empiezan a cambiarlos por los definitivos. Esto es algo normal, pero no podemos permitir que lo haga. Para ello, de nuevo usaremos la evitación en lugar del castigo.

Así pues, si el cachorro nos muerde jugando y nos hace daño, podremos gritar un “¡Ay!” e inmediatamente dejamos de jugar con él. De esta forma, aprende que jugando bruscamente se acaba el juego. Cuando lo haga de forma suave, le recompensaremos con un “muy bien” y continuaremos jugando.
Si lo que muerde son objetos o muebles de la casa, podemos comprarle algún juguete o mordedor específico para cachorros, que no suponga problemas para su dentadura en crecimiento, de forma que tenga objetos adecuados para morder, y no tenga la necesidad de mordisquear todo lo que encuentre por la casa. Así, conseguimos redirigir la conducta de morder a objetos adecuados, en lugar de permitir que muerda lo que él quiera.
Si le pillamos mordiendo algún mueble, no debemos castigarle. Una buena alternativa es llamarle para captar su atención, y cuando nos mire le incitamos a que venga a por un juguete para morder, a la vez que le decimos “muy bien” para recompensarle por su buena decisión.

ENSEÑANDO OBEDIENCIA BÁSICA AL CACHORRO:

A pesar de su corta edad, el cachorro ya puede aprender ciertas órdenes o señales, que será útil que conozca cuando sea adulto. Ahora bien, a la hora de enseñar obediencia a un cachorro, debemos tener en cuenta algunas cosas importantes: en primer lugar, los cachorros tienen poca capacidad de concentración y se despistan rápidamente, por lo que las sesiones deben ser muy cortitas, y tendremos que tener paciencia con ellos mientras les enseñamos los nuevos ejercicios. No debemos ser exigentes, y usaremos únicamente técnicas en positivo, es decir, reforzando al cachorro cada vez que haga bien el ejercicio, y nunca castigándolo.
Lo primero que deberíamos enseñarle es su nombre y la llamada. Para ello, es suficiente con decir su nombre, por ejemplo, “Rasti”, y automáticamente premiarle. Cuando ya lo tenga asociado, esperamos a que nos mire y le premiamos: “Rasti” – nos mira – premio. De esta manera, asociamos el sonido de su nombre a algo positivo (premio), así conseguimos que al llamarle nos preste atención. Cuando queramos reñirle por hacer algo más, deberíamos usar una palabra distinta a su nombre (por ejemplo, “no”), y evitar siempre decir su nombre cuando haya que regañarle.
Para la llamada, nos ponemos muy cerca de él, le llamamos por su nombre, “Rasti”, y cuando acuda, le premiamos. Al principio debemos estar muy cerca de él (un paso o dos), y poco a poco nos iremos alejando para que tenga que andar hasta nosotros. Si lo que queremos es que acuda cuando le digamos una señal en concreto, por ejemplo “ven” o “aquí”, nos ponemos muy cerca del cachorro, le llamamos: “ven”, y le recompensamos por acudir. Al principio, hay que facilitarle al máximo las cosas, por ello empezamos colocándonos muy cerca y poco a poco nos iremos alejando para que tenga que andar cada vez más hasta nosotros.

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También podemos enseñarle el sentado, sobre todo aprovechando la tendencia del cachorro a sentarse de forma innata. Cada vez que se sienta, le decimos “muy bien” + la señal (“sit, sienta sentado”) + premio.
No conviene enseñarle demasiadas órdenes a la vez, ya que todavía es joven y no es adecuado saturarle con mucha variedad de ejercicios. Conforme vaya creciendo, podremos ir enseñándole nuevos ejercicios e ir exigiéndole cada vez un poquito más, pero siempre trabajando en positivo y evitando los castigos.

Resumiendo, la llegada del cachorro a casa siempre es un gran acontecimiento, y en nuestras manos está empezar a educarle desde el primer momento, para que de adulto sea un perro equilibrado y bien educado. Las claves para enseñar al cachorro son la PACIENCIA y el trabajo en POSITIVO. No debemos usar jamás los castigos, ya que esto hará que el perrito adquiera miedos y perjudicará nuestro vínculo con él.

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